La oportunidad de un proceso constituyente inclusivo

El 24 de marzo del 2020 se promulgó la ley que consagra el equilibrio en la representación de mujeres y hombres en el proceso constituyente. Somos el primer país del mundo que establece la paridad de género para escribir su carta magna, sin duda un hecho que nos pone en la vanguardia y en la mira del mundo entero.

Por primera vez en la historia, los intereses y las voces de las mujeres podrán ponerse sobre la mesa en esta gran conversación. Temas como la violencia de género, la discriminación y segregación que se vive en distintos ámbitos, mayores oportunidades educacionales y laborales, empezarán a dibujar los lineamientos que necesitamos para ser una sociedad más igualitaria y justa.

Es un gran paso, de eso estamos seguras.

Pero, ¿lograremos superar los sesgos inconscientes para dar paso a una auténtica escucha del otro? Creo que no basta con que se pongan estos temas sobre la mesa como un acto de reivindicación. Debemos construir, considerando las distintas opiniones, una nueva carta magna. ¿Cómo aprovechamos esta oportunidad para generar progreso en nuestra sociedad y vivir la inclusión, y no sólo sumar opiniones diversas? ¿Cómo le mostramos al mundo que este proceso constituyente se redacta desde la grandeza, apertura, humildad, valoración del ser humano y no desde la simple lucha de poder, donde el ganador es el que pudo imponer su punto de vista en la constitución?

El tener un grupo de constituyentes con personas diferentes, es lo que entendemos como diversidad. Pero para que exista inclusión, todas las personas deben dar su opinión, y lo más relevante, deben ser tomadas en cuenta. Si bien la paridad es un gran paso que hoy la ley nos entrega, si hablamos de inclusión, estamos apuntando a un nivel mayor de conciencia, que tiene que ver con la valoración, en cómo actúo frente al que es distinto y valoro la opinión del otro, desde un lugar donde yo la respeto, y no porque le debo algo.

Podemos mirar como ejemplo un espacio que históricamente ha estado compuesto por hombres, y del cual se ha hablado bastante en este último tiempo: los directorios de las grandes organizaciones. En éstos, las mujeres aún representan el 10%, pero en aquellos donde sí hay más de una mujer –sobre 30%– se ha visto, en diversos estudios, cómo  presentan un mayor nivel de organización y efectividad, mejor toma de decisiones (más robustas, justas y sostenibles) y mayor mirada sistémica (*). Todas indispensables para sacar adelante una constitución que nos sirva para navegar hacia un país más inclusivo.

Tengo la esperanza que después de todos estos meses de incertidumbre y aprendizaje, Chile sea un ejemplo a nivel mundial, que nos muestre un proceso constituyente donde hombres y mujeres puedan dialogar en igualdad, donde predomine la colaboración, flexibilidad, escucha, respeto y participación.

¡Eso sí es estar en la vanguardia!

 

(*Centro de Gobierno Corporativo y Sociedad junto al Centro de Trabajo y Familia del ESE Business School de la Universidad de los Andes, enero 2021)