De reformas dependerá salir de la crisis

Al igual que como sucede con una víctima de infarto, que para tener un futuro saludable debe cambiar su estilo de vida; la economía colombiana también debe reformarse para tener un futuro sano, de lo contrario permanecerá en constantes visitas al médico.

Para quienes sufren un infarto, el tratamiento de estabilización es relativamente similar: clínica, y elementos provistos por el consenso de la medicina. El ejemplo del infarto puede ser llevado a la vida de las economías. El mundo entero continúa en la etapa de estabilización, dando oxígeno a empresas y hogares a través de mayor gasto público e inyectando liquidez para abaratar la llegada de crédito a los actores económicos, algo así como la función que cumplen los anticoagulantes en el torrente sanguíneo.

Desde Harvard, e inspirado por la biología evolutiva, Ronald Haifetz, el creador de la teoría de liderazgo adaptativo, argumenta que todos los sistemas complejos –como lo son el cuerpo humano y las economías– deben adaptarse para poder sobrevivir y tener un mejor desempeño. Y esta es justo la parte más compleja de la recuperación de un infarto, lo que Haifetz ha denominado un desafío adaptativo. Como bien dicen este tipo de pacientes, lo más difícil de un infarto, comienza con el regreso a casa, cuando las personas deben adaptar sus vidas a la nueva realidad. Deberán cambiar de alimentación, rutinas de ejercicio y dejar el cigarrillo y el licor.

Hay pacientes sanos, para quienes posiblemente estos cambios no serán necesarios. Estas personas: deportistas, con buena alimentación y sin vicios, volverán a casa para continuar con su rutina previa al impasse de salud. Volviendo al caso de las economías, Alemania, es un claro ejemplo de este tipo de pacientes, los que no tendrán que hacer casi ningún cambio o reforma para salir de la crisis. Ésta es una economía sana, sin vicios –excesos– de gasto público y que se ejercita compitiendo con una industria altamente productiva. Cuenta también con bajos costos laborales y un sistema tributario y de protección social muy eficientes.

Para los países del sur de Europa como Francia e Italia, la historia es otra. Estas economías encarnan al paciente infartado que llega con malas condiciones previas a la clínica. Tienen vicios como el gasto público excesivo y, como no les gusta ejercitarse compitiendo, la condición de su aparato productivo, el músculo más importante de una economía, se ha debilitado bastante. Además, el Gobierno les ha impuesto un exceso de regulación y costos laborales enormes. Si no se reforman, estos países serán como aquel paciente que todos conocemos, quien, a pesar de tener un infarto a cuestas, continúa bebiendo licor, comiendo chicharrón y sin hacer ejercicio.

Colombia, como siempre, está en la mitad de la tabla. Somos como aquel paciente que hace ejercicio justamente para poder tomar, fumar y comer mal. Ese paciente que se mantiene estable pero nunca se alivia del todo. Aunque en la región nos destacamos por una muy buena salud macroeconómica, llevamos décadas posponiendo cambios que permitan mejorar la salud económica de una vez por todas. Disminuir los costos laborales y ajustar la estructura tributaria son dos reformas fundamentales para transformar la economía colombiana y de esta manera disminuir las secuelas de este tremendo impasse de salud.

(La columna fue publicada en el diario La República de Colombia el pasado 12 de febrero)